El Estado de Flujo de Efectivo, y el Estado del Patrimonio Neto Requerido por la Ley General de Sociedades

En el mundo de los negocios y las sociedades comerciales, los estados contables son una herramienta indispensable para conocer la situación económica y financiera de una empresa. Estos documentos no solo son requeridos por normas legales y fiscales, sino que también son esenciales para la toma de decisiones por parte de los socios, accionistas, inversores, entidades financieras, organismos de control y hasta los propios empleados. Entre los distintos estados contables, dos han adquirido un protagonismo particular en los últimos años: el Estado de Flujo de Efectivo y el Estado de Evolución del Patrimonio Neto.

Como abogado especializado en derecho societario y asesor de empresas, considero fundamental que cualquier persona vinculada con una sociedad —sea socio, administrador, inversor o interesado— comprenda el alcance, la utilidad y el contenido de estos instrumentos. A continuación, desarrollaremos en detalle en qué consisten, cómo se estructuran y qué relevancia tienen desde el punto de vista legal y contable.

¿Qué es el Estado de Flujo de Efectivo?

El Estado de Flujo de Efectivo es uno de los componentes fundamentales de los estados financieros de una sociedad. Este informe reemplazó al que anteriormente se denominaba “Estado de Origen y Aplicación de Fondos”, el cual solía mostrar de manera generalizada de dónde provenían los fondos y en qué se utilizaban durante un ejercicio económico determinado.

Las normas contables modernas, tanto nacionales como internacionales, han establecido la obligación de presentar el Estado de Flujo de Efectivo con una estructura más precisa y sistemática. La Norma Internacional de Contabilidad N° 7 (NIC 7), que reemplazó a la antigua normativa de 1977, exige a las entidades que suministren información sobre los cambios históricos en el efectivo y sus equivalentes. Esto se logra mediante un estado en el cual se clasifican los flujos de fondos según tres grandes categorías: actividades operativas, de inversión y de financiación.

Utilidad del Estado de Flujo de Efectivo

Desde un punto de vista práctico y legal, este estado contable brinda información esencial para evaluar la liquidez, la solvencia y la capacidad de la empresa para generar efectivo en el corto y largo plazo. Esto es vital no solo para los administradores que deben tomar decisiones estratégicas, sino también para terceros interesados, como bancos o inversores, que necesitan valorar la capacidad de la sociedad para hacer frente a sus obligaciones financieras.

Al mostrar los ingresos y egresos reales de caja, este estado elimina los efectos que pudieran producir los distintos criterios contables aplicados a una misma operación en otros estados financieros, como el Estado de Resultados. En consecuencia, permite una comparabilidad más objetiva entre distintas sociedades y una evaluación más clara del desempeño operativo real.

Estructura del Estado de Flujo de Efectivo

Este estado se divide en tres secciones principales:

  1. Flujos de efectivo de actividades operativas: incluye el efectivo generado o utilizado por las actividades principales de la empresa, como la venta de bienes o la prestación de servicios. También incluye los pagos a proveedores y empleados, así como los ingresos por cobros de clientes.
  2. Flujos de efectivo de actividades de inversión: aquí se informan los movimientos de efectivo relacionados con la adquisición o venta de activos fijos, inversiones financieras, entre otros.
  3. Flujos de efectivo de actividades de financiación: esta sección abarca las entradas o salidas de efectivo relacionadas con préstamos, emisión de acciones, pago de dividendos y otras actividades que modifican la estructura de capital de la entidad.

La correcta presentación de esta información ayuda a evaluar el ciclo del efectivo, anticipar posibles desequilibrios y tomar decisiones oportunas, como solicitar financiamiento o ajustar estrategias de inversión.


¿Por qué es importante desde el punto de vista legal?

El Código Civil y Comercial de la Nación y la Ley General de Sociedades (Ley 19.550) establecen una serie de deberes y responsabilidades contables para los administradores. Entre ellos, la elaboración y presentación de los estados contables de forma anual y conforme a los principios contables generalmente aceptados.

El incumplimiento en la preparación de estos estados, su omisión o su presentación defectuosa, puede generar responsabilidad para los administradores, tanto frente a la sociedad como ante terceros, conforme al artículo 59 de la LGS y el régimen de responsabilidad civil.

En tal sentido, el Estado de Flujo de Efectivo no es solo un instrumento técnico, sino una herramienta que respalda la transparencia de la gestión societaria y permite rendir cuentas debidamente ante los socios y los entes de contralor.

El Estado de Evolución del Patrimonio Neto

El segundo estado contable que analizaremos es el Estado de Evolución del Patrimonio Neto. Este documento contable es igualmente relevante y muchas veces no recibe la atención que merece. En términos simples, muestra los cambios que ha experimentado el patrimonio neto de una sociedad a lo largo del ejercicio económico.

¿Qué muestra este estado?

El Estado de Evolución del Patrimonio Neto refleja los movimientos registrados en cada uno de los componentes del patrimonio: capital social, ajustes de capital, aportes irrevocables, reservas legales y voluntarias, resultados acumulados, revalúos, entre otros. Este estado permite ver cómo se ha conformado y transformado el patrimonio a lo largo del tiempo.

Por ejemplo, puede mostrar que durante el ejercicio:

  • Se realizó un aumento de capital;
  • Se registraron pérdidas que redujeron los resultados acumulados;
  • Se constituyeron reservas para futuros dividendos o para reinversión.

Todo ello es crucial para conocer la solidez económica de la sociedad y la manera en que se han gestionado los recursos de los socios.

¿Qué importancia tiene para socios y terceros?

Este estado tiene una función clave al momento de evaluar la situación patrimonial de la sociedad. Aporta transparencia y permite verificar que los aportes realizados han sido correctamente registrados, que las utilidades se han distribuido conforme al marco legal y estatutario, y que las reservas se han constituido respetando la normativa vigente.

Es también un instrumento esencial en el marco de:

  • Aumentos o reducciones de capital;
  • Procesos de fusión o escisión;
  • Evaluación de rentabilidad y reinversión;
  • Determinación de la participación de los socios en caso de liquidación.

En síntesis, este estado actúa como un puente entre el Balance General y el Estado de Resultados, explicando cómo las decisiones empresariales afectan el patrimonio neto de la sociedad.

La cuestión de los revalúos

Dentro del Estado de Evolución del Patrimonio Neto, muchas veces aparece un componente que genera consultas frecuentes: los revalúos.

Los revalúos consisten en ajustar el valor de ciertos activos para reflejar su valor actual, ya sea por inflación o por una revalorización técnica. Existen dos tipos principales:

  1. Revalúos contables, realizados por aplicación de normas contables específicas o por ajuste por inflación.
  2. Revalúos técnicos, que requieren la intervención de un perito experto y deben ser autorizados por el órgano de contralor competente, ya que su impacto en el patrimonio puede ser significativo.

Estos revalúos permiten que los estados contables reflejen con mayor fidelidad el valor real de los activos de la sociedad, lo cual es crucial al momento de evaluar su solvencia o negociar con terceros.

Conclusión

El Estado de Flujo de Efectivo y el Estado de Evolución del Patrimonio Neto son mucho más que simples anexos contables. Representan instrumentos legales, financieros y estratégicos que permiten comprender la verdadera salud económica de una sociedad. Desde el punto de vista del derecho societario, son piezas clave en la rendición de cuentas, la protección de los derechos de los socios y el cumplimiento de los deberes de los administradores.

Por eso, como abogado, recomiendo a toda persona involucrada con una sociedad —sea pequeña o grande— prestar especial atención a estos documentos. Analizarlos periódicamente, comprender su lógica y exigir su correcta confección es no solo una práctica sana, sino también una garantía de transparencia, legalidad y buen gobierno corporativo.

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