En el mundo del derecho societario, las acciones ordinarias y preferidas son temas de gran relevancia, especialmente entre los inversores y aquellos que desean participar en el mercado de capitales. Como abogado, considero crucial desglosar estos conceptos de manera clara, facilitando así la comprensión del funcionamiento de cada tipo de acción y el impacto que pueden tener sobre los derechos de los accionistas.
Las acciones ordinarias son la forma más común de inversión en una
empresa. Según el artículo 216 de la Ley 19550, cada acción ordinaria otorga a
su titular el derecho a un voto. Este principio de proporcionalidad garantiza
que los derechos políticos y económicos de los accionistas estén alineados con
su inversión.
El estatuto de la sociedad puede,
además, crear clases de acciones ordinarias que otorguen más de un voto hasta
un máximo de cinco. Estas acciones, conocidas como acciones ordinarias con
preferencia de voto, son una herramienta valiosa en economías en desarrollo,
donde se busca atraer inversiones significativas.
A pesar de esta flexibilidad, es
esencial que se mantengan límites al número de votos para evitar
concentraciones de poder que puedan perjudicar a los accionistas ordinarios. Es
aquí donde el legislador ha establecido un marco normativo que protege los
intereses de todos los accionistas, buscando impedir abusos.
El artículo 216 también establece que cuando una acción tiene
privilegios en el voto, dicha preferencia es incompatible con cualquier otra
preferencia patrimonial. Esta norma busca prevenir que unos pocos accionistas,
mediante el uso de votos plurales y privilegios patrimoniales, logren un
control desmesurado sobre la sociedad.
Es crucial entender que el propósito de
estas limitaciones es proteger el interés social de la empresa y asegurar que
las decisiones se tomen en beneficio de toda la comunidad de accionistas, no
solo de un grupo selecto. Según el legislador, la concentración de poder en
manos de unos pocos podría llevar a malentendidos y abusos en la gestión.
Mientras que las acciones ordinarias se centran en el derecho a voto,
las acciones preferidas presentan un panorama diferente. Estas acciones son
consideradas híbridas, ya que combinan características de las acciones
ordinarias con valores de deuda.
Las acciones preferidas devengan un
dividendo fijo y tienen prioridad en la liquidación de la sociedad sobre las
acciones ordinarias. Sin embargo, a diferencia de los títulos de deuda, los
dividendos preferidos dependen de las ganancias de la sociedad. Si la empresa
no genera utilidades, los titulares de acciones preferidas tendrán derecho a
cobrar los dividendos correspondientes al ejercicio actual al cierre del próximo
ejercicio.
Es importante destacar que las acciones
preferidas pueden no otorgar derecho a voto, pero esta carencia no es absoluta.
El estatuto puede acordarles a estos accionistas el derecho a un voto por
acción. Además, existen excepciones en las cuales los titulares de acciones
preferidas pueden recuperar su derecho a voto, tales como:
Respecto a la cuestión del rescate de acciones preferidas, las
sociedades pueden prever esta posibilidad en sus estatutos. Las acciones pueden
ser rescatadas en dos situaciones específicas:
Este aspecto de la normativa brinda flexibilidad a las empresas y
permite una gestión más dinámica de su capital social.
Tanto las acciones ordinarias como las preferidas poseen características
específicas que son fundamentales para el funcionamiento de las sociedades
anónimas. Las acciones ordinarias permiten a sus titulares participar
activamente en la toma de decisiones a través de su derecho a voto, mientras
que las acciones preferidas ofrecen ventajas económicas y de seguridad en la
percepción de dividendos.
Sin embargo, es vital que los
inversores comprendan las limitaciones y derechos asociados a cada tipo de
acción.
Además, el marco legal que
regula estas acciones no solo busca proteger a los accionistas individuales,
sino también asegurar una gestión saludable y transparente en las sociedades
anónimas. Por ello, es recomendable que los inversores consulten con asesores
legales o financieros para comprender plenamente las implicaciones de sus
decisiones de inversión.
que también pueden ser una forma de gestionar el riesgo en un portafolio de inversión. Dado que tienen prioridad en el pago de dividendos y en la liquidación, ofrecen una capa adicional de protección para los inversionistas. Sin embargo, es importante recordar que, cuando carecen de derechos de voto, los accionistas preferidos no pueden influir directamente en las decisiones de la empresa. Esto significa que, en algunos casos, un tenedor de acciones preferidas puede ver su inversión afectada por decisiones tomadas por la mayoría de las acciones ordinarias, que podrían no alinearse con sus intereses.
En conclusión, las acciones ordinarias y preferidas representan dos caras de la misma moneda en el ámbito de la inversión corporativa. Cada tipo de acción trae consigo un conjunto único de derechos y responsabilidades, y su impactante papel en la estructura de capital de las empresas no puede subestimarse. Por lo tanto, es indispensable para cualquier inversor conocer a fondo estos conceptos, considerando sus implicaciones para tomar decisiones informadas y estratégicas que alineen con sus objetivos financieros a largo plazo.
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